
En Federación, el malestar tributario expone años de irresponsabilidad política
Jorge Bravo
Es el resultado de décadas de desidia política, de decisiones que se evitaron y de una dirigencia que, durante más de cuarenta años, eligió no asumir el costo político de gobernar con responsabilidad.
El escándalo se instaló rápidamente y, como suele ocurrir, proliferaron las voces que buscan sacar rédito del enojo ciudadano. Discursos livianos, oportunistas y carentes de autocrítica, incluso de dirigentes que fueron y siguen siendo parte del poder, intentan señalar culpables circunstanciales sin hacerse cargo del origen real del problema. Mirar hacia atrás parece ser el mayor temor, porque implica reconocer errores profundos y sostenidos en el tiempo.
La realidad es clara y no admite rodeos la responsabilidad es exclusivamente política. Durante décadas se optó por sostener esquemas tributarios débiles y poco realistas con tal de garantizar acompañamiento electoral cada cuatro años. Se evitó deliberadamente explicar, educar y planificar, aun sabiendo que podían presentarse escenarios extraordinarios capaces de romper la convivencia tributaria y social. Ese límite hoy fue alcanzado.
Federación necesita dejar atrás, de una vez por todas, la lógica de la politiquería. No se puede seguir gobernando con criterios de acomodo electoralista que solo benefician a amigos, familiares y estructuras enquistadas en el poder. La ciudad necesita dirigentes comprometidos, capaces de tomar decisiones difíciles, dar explicaciones claras y hacerse cargo de las consecuencias.
Resulta inadmisible que quienes ocuparon cargos durante varios gobiernos y algunos que aún continúan haciéndolo pretendan desentenderse de la situación actual o utilicen a los ciudadanos como herramienta para desgastar al gobierno de turno. Esa práctica no solo es irresponsable, sino profundamente dañina para la vida democrática y la convivencia social.
El llamado es firme y sin eufemismos basta de excusas, basta de la salida fácil. Es tiempo de propuestas serias, de ideas nuevas y de verdadera docencia cívica. Una ciudad progresa cuando hay responsabilidad compartida, pero esa responsabilidad debe comenzar, sin excepción, por la dirigencia política.
De esta situación no se sale con mezquindades ni especulación electoral. Se sale con compromiso, con verdad y con una construcción en conjunto que ponga a Federación por encima de los intereses personales y partidarios.
Por Jorge Bravo para la Última Campana


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